Michaël Ranft

(1700-1774)

De la mastication des morts dans leurs tombeaux

BIOGRAFÍA

Michaël Ranft, cuyo apellido en algunas obras aparece escrito como Raunft, nació en la localidad alemana de Güldengossa el 9 de Diciembre del año 1700, y falleció el 18 de abril de 1774 en Groβstechau.

Ranft era hijo de un sacerdote protestante, vocación que él mismo seguiría después. Estudió en la escuela de Chemnitz, y en 1720 se matriculó en la Universidad de Leipzig, donde se licenció en filosía en el año 1724. En 1727 fue nombrado diácono de la ciudad de Nebra.

Dos años antes de este nombramiento, en 1725, el caso del vampiro Peter Plogojowitz creó una inusitada expectación en la capital del Imperio Austro Húngaro al publicarse en el diario vienés Das Wienerisches Diarium el informe de un oficial en el que se relataban los inquietantes hechos acaecidos ese mismo año en la villa de Kisilova. Ee mismo año Ranft escribe su tesis basándose en dicho caso, y publicándola poco después en un opúsculo llamado De Masticatione Mortuorum en Tumulis, que retomaría en años sucesivos. Realizó hasta tres ediciones de su obra:

  • Dissertatio historico-critica de masticatione mortuorum in tumulis. En alemán: Oder von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern. Leipzig 1725. El original está en latín.
  • De Masticatione mortuorum in tumulus. En alemán: oder von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern) Liber Singularis: Exhibens Duas Excercitationes, Quarum Prior Historico-critica Posterior Philosophica est. Lipsiae 1728.  Versión ampliada de la anterior a la que añade algunas reflexiones filosóficas.
  • Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern, worin die wahre Beschaffenheit derer Hungarischen Vampyrs und Blut-Sauger gezeigt, auch alle von dieser Materie biβher zum Vorschein gekommene Schrifften recensiret werden. Leipzig 1734. Edición en alemán, de la que hay una edición reciente también en alemán: Traktat von dem Kauen und Schmatzen der Toten in Gräbern 2006 im UBooks-Verlag. ISBN 3866080158)

Existe una edición moderna en francés, De la mastication des morts dans leurs tombeaux, publicada por Éditions Jérôme Millon (ISBN: 2-84137-027-5) y traducida del latín. En la parte superior de este artículo puede verse una imagen de la portada.

DE MASTICATIONE MORTUORUM IN TUMULIS

Su tesis De Masticatione Mortuorum In Tumulis, escrita en latín, puede traducirse como "De la masticación de los muertos en las tumbas". La incluyó, traducida al alemán, en la obra Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern, cuya introducción en el alemán original puede verse aquí.

Continúa después con la traducción al alemán de su famos tesis, que podemos ver aquí. Comienza la tesis desechando el origen divino o diabólico de los fenómenos asociados al vampirismo y a los supuestos cadáveres llamados nachzeher (literalmente devoradores nocturnos)que, según se creía en Alemania, mascan y roen sus vestiduras y sus propias carnes en sus tumbas, haciendo un ruido característico, mientras sus fantasmas se aparecen a sus familiares consumiéndolos hasta morir. Estos devoradores nocturnos son en su mayoría de sexo femenino y proliferan en tiempos de peste. Y revisa después la posibilidad de que se produzcan por causas naturales, apuntando a que podría estar relacionados con las simpatías y antipatías, y el magnetismo, tal y como lo describe el erudito jesuita alemán alemán Athanasius Kircher en su obra Magnetismus Naturæ.

Entre los casos de "cadáveres masticadores" Ranft expone un par de ejemplos extraídos, según dice él mismo, de una obra denominada Theatr. Tragic., de Harsdörffer. Uno de estos casos se habría producido cerca de Leipzig, donde un verdugo habría desenterrado a un hombre de cuya garganta extrajo una larga cinta que estaba en la cabeza de su esposa, enterrada junto a él. El otro caso es el de una mujer de Bohemia que en 1345 devoró la mitad de su sudario. Ahora bien, en mi opinión este caso no sería sino el mismo que el de la bruja vampiro checa mencionado en la Kronika Neplachova y en Ueber Vampirismus de Mannhardt, un caso que puede consultarse aquí.

Ranft cita asimismo el relato de un hombre de Moravia que royó el sudario de la mujer de la tumba de al lado; y el de un hombre y una mujer que, en tiempos de Lutero, devoraron sus propias entrañas. Muchos de estos casos ya habían sido expuestos por Gabriel Rzaczinoski en su Historia Natural de Polonia, impreso en Sandomir en 1721. Una obra a la que Ranft hace referencia a menudo es la Dissertatio Historica-Philosophica de Masticatione Mortuorum, editada en 1679 y cuyo autor es Philip Rehrius (Philip Rohr). La coincidencia de títulos no es casualidad, y buena parte de la obra del diácono alemán consiste en una refutación racionalista a la obra de Rohr, que atribuía a los demonios este macabro fenómeno.

Ranft describe la ejecución del cadáver de un ciudadano de la población húngara de Kisilova acusado de vampirismo tras su fallecimiento; su nombre era Peter Plogojowitz. En su obra incluye el famoso informe redactado por el oficial Frombald, del ejército austriaco, al que las autoridades habían envíado allí para investigar el caso. incluyó el informe completo en su obra, concretamente en las páginas 25, 26, 27 y 28 del original alemán de la edición de 1728. Según razona Ranft, la existencia de vampiros no tiene nada que ver con la teología, ni Dios ni el diablo tienen nada que ver, y trata de explicarlos como un fenómeno natural. Los ruidos en el interior de los ataúdes pueden atribuirse a muchas causas naturales, especialmente si los ataúdes son de mala calidad. El miedo y la superstición además provocan que la imaginación excesiva produzca impresiones falsas.

Ranft examina las tradiciones judías acerca de que, al morir alguien, el ángel Azazel, llega hasta el cadáver y con una cadena desgarra la carne del cadáver, con un segundo golpe desgarra los huesos, y un tercero los desmenuza y los convierte en polvo. Otra tradición judía quiere que un ratón venga hasta el cadáver recién enterrado para morderle. El muerto entonces grita de dolor y rasga sus vestiduras. Lo considera mera superstición, como ciertas leyendas atribuidas a los musulmanes, según los cuales al cuarto de hora de ser enterrado un cuerpo vienen dos ángeles con antorchas y aspecto horrible a golpearle con cadenas de fuego, si había sido un pecador. Algunos autores dicen que estos espíritus son Moncar y Nacir. Otros dan otras grafías como Mongir y Guarequir , o bienMungir y Quoregner. Otros dicen que los ángeles le golpean con un martillo, y que los gritos de los difuntos se oyen entre la mañana y la tarde. Según Gerhard Cornelius Driesch, dice Ranft, en su Historischen Nachricht von der K. Kayserl. Groß-Bothsch. nach Constantinopel Lib. I. sect. 8. p. 114 llama a estos ángeles Aruth y Maruth. Estos ángeles, y esta es una acotación nuestra son dos ángeles caídos que enseñaron las artes mágicas a los hombres según el Corán y otros textos musulmanes.

Se refiere también a Eurynomon, o Euryonium, un dios subterráneos, que según los sacerdotes de Delfos comía la carne de los difuntos dejando únicamente sus huesos. Su aspecto era terrible, con su piel azul y negra, mostrando sus dientes y sentado sobre una piel de zorro. También la considera una superstición sin fundamento.

Luego explica que hay ciertos animales, como las hienas, que por la noche desentierran los cadáveres mal enterrados para devorarlos. Habla también de los strigibus, mencionados por el teólogo español Martín del Río, en su Disquisitionum magicarum Lib. I. p. 16. eso. L. III. pag. 355. Son las striges del mundo clásico, a las que el poeta Ovidio describe como pájaros hambrientos que vuelan de noche para beberse la sangre de los niños en sus cunas y la leche de sus madres. Según el poeta Stiegelius, además de beber sangre, se comen las entrañas de sus víctimas. Sugiere Ranft que aves similares pueden alimentarse de los cadáveres que no han sido enterrados convenientemente. Recierda además Ranft que hay otros animales carroñeros y afirma que las serpientes también pueden alimentarse de cuerpos humanos, así como los ratones.

Entiende además que lo que algunos autores afirman acerca de que el fenómeno de la masticación se da más entre los cuerpos de sexo femenino es un prejuicio. Considera que es otro prejuicio el pensar que la masticación está asociada a las plagas, ya que cuando hay una plaga hay más muertos sin enterrar y es lógico que se observen más casos. Por lo tanto creer que son los cadáveres que mastican los que inician las plagas no es correcto, ya que además el fenómeno también se observa cuando no hay pestes. Tampoco ve razonable la idea, sostenida por algunos autores, de que el diablo provoque la masticación para que los cadáveres sean desenterrados y sus vapores pestilentes provoquen la enfermedad.

Entiende también que es una idea supersticiosa creer que, cuando masca, el cadáver esté consumiendo la vida de sus parientes. Ranft piensa que es normal que si la persona estaba enferma, enfermen igualmente aquellos que le eran más próximos.

Acaba así la primera tesis, y continúa la obra con otra sección, lo que Ranft llama disertación filosófica, que puede consultarse, del original alemán, aquí. Y empieza criticando la creencia de los papistas de que un cuerpo incorrupto es signos de que la persona en cuestión fue un santo. Pone varios ejemplos de cuerpos que se han encontrado intactos, al menos durante algún tiempo, de algunos de personas anónimas, y otros más conocidos, como Héctor el hérore de la guerra de Troya, Alejandro Magno, o Carlos V de España.

Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern
Portada de Tractat von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern

Continúa Ranft diciendo que la primera materia creada por Dios ya podía considerarse un ente viviente, pues lleva en ella una vitalidad innata. Esta vitalidad es denominada de diferentes modos por diferenes autores: Formam Universalem (Forma Universal); Entelequia, según Aristóteles; Archeum Mundi (Espíritu del Mundo); o Balsamum Vitale (Bálsamo Vital), según Paracelso y Helmontius. El ser humano se compone de un cuerpo creado con derivados complejos de esta materia procedentes de los elementos tierra, aire, fuego y agua; y de un alma invariable. La muerte, según Ranft, se produce cuando el alma se separa del cuerpo, no cuando muere el cuerpo. Los animales y las plantas crecen de manera natural gracias a esa vitalidad inherente a la materia, que fue creada así por Dios. El hombre además tiene el alma que Dios le insufló. Dice literalmente «El cuerpo humano, por tanto, consiste en una materia que en sí misma vive y crece, y que es común a todos los cuerpos de la naturaleza entera».

Atribuye Ranft al suelo, al terreno y al cielo húngaros propiedades que ayudan a la conservación de los muertos. Sugiere que Plogojowitz, como él lo escribe, no murió por una enfermedad larga, sino de muerte violenta, quizá provocada por un veneno que, según algunos autores, impide la descomposición y la aparición de gusanos. Arguye que el que el cuerpo no tuviera nariz, como en tantos otros similares, se debe a que el cartílago se seca y la nariz se hunde, que no es que se pudra.

Luego recuerda que según el informe del oficial Frombald la barba, las uñas y el cabello de Plogojowitz habían crecido. Para Ranft es algo natural, ya que estos elementos tienen un vitalidad propia. Que la piel se le hubiera caído se explica, según él, por la sequedad de la piel, que al no ser humificada ya por el sudor y la sangre se desprende de forma natural. La nueva piel es sencillamente la capa inferior, que al estar más húmeda se convierte en una nueva piel. La presencia de sangre en la boca del vampiro también le parece natural, ya que la exudación de sangre en cadáveres es algo que se ha observado en muchas ocasiones. Aduce, por ejemplo, que durante una inundación en el Danubio, según George Christoph Ludewig, se encontraron cuerpos ahogados que al secarse empezaron a sangrar por la nariz. Además piensa que los campesinos al abrirle la boca podrían haberlo hecho de manera más o menos violenta, lo que explicaría la sangre que encontraron en ella. Respecto a la parte del informe en la que Frombald menciona «cosas demasiado salvajes» que no contará por respeto. Ranft dice abiertamente que se trata de una erección, nada extraordinario porque es algo que se ha visto en muchas ocasiones, y para apoyarlo da diferentes ejemplos extraídos de varios textos. Dice que es natural cuando el difunto ha muerto por priapismo, o que debido a afrodisíacos, estimulante, o simplemente porque tenían una erección al morir, ese estado perdura en el cadáver.

Ranft atribuyó las visiones de Plogojowitz a la imaginación exacerbada por el terror. Al ir muriendo los parientes desentierran el cadáver, y al ver que falta parte de la mortaja concluyen erróneamente que el muerto es el que devora sus ropas o su carne y que ello provoca la muerte de sus parientes. Igualmente si comprueban que el cadáver está fresco y los demás signos, que se explican por fuerzas naturales les refuerza en su idea supersticiosa de que las muerte se deben a que el difunto se alimenta de ellos hasta matarlos.

Se ocupa luego Ranft de explicar las muertes de los parientes alegando que existen «enfermedades imaginarias que conducen a la muerte». Pone algunos ejemplos de este tipo de enfermedades, como la phrenitis (término que, y esto es una nota nuestra, significa inflamación del cerebro y que usaban en la antigua Grecia Hipócrates y sus seguidores como una inflamación de la mente y del cuerpo, y que en la Edad Media era vista como una especie de delirio con fiebre). Menciona también otro término griego, κορυβαντισμòς, corybantes (una enfermedad, anotamos, que consistía en un ruido estridente que afectaba a los oídos). Añade que

Ranft explica a continuación que una imaginación fuerte puede alterar con sus imágenes la imaginación de otros: «Cuando un hombre, a través de su obstinada imaginación, dirige sus ideas y poderes a ciertas personas, ya sea para bendecirlas o para maldecirlas, inmediatamente comienza a influirlas de forma oculta». Estos productos de una imaginación intensa perduran después de la muerte del individúo y continúan afectando a los vivos, generando ilusiones de fantasmas. Propone que quizá Plogojowitz sentía tanto odio por alguno de sus vecinos que les afectó incluso después de muerto.

Argumenta que algunas personas mueren tras ver un cadáver, ya sea por adquirir alguna enfermedad transmitida por el cuerpo o por la impresión producida ante la vista del cuerpo. Estas personas al enfermar podrían delirar con la idea de que han sido visitadas por el difunto y de que éste les tortura, atribuyendo a sus maltratos las dolencias de su enfermedad. Así, en el caso de Plogojowitz, Ranft apunta la hipótesis de que éste podría haber muerto de forma súbita o violenta, causando inquietud entre familiares y conocidos, inquietud que vendría acompañada del dolor de la pérdida. Este dolor provocaría estados de melancolía que a su vez provocarían un sueño agitado, enfermizo e inquieto. Esta falta de descanso debilitaría el cuerpo y el espíritu hasta que, sobreviniendo la enfermedad, se produciría por último, en algunos casos, la muerte: «La muerte súbita generalmente crea dolor en los que se quedan atrás. El dolor trae tristeza. La tristeza trae melancolía. La melancolía provoca noches inquietas y sueños pesados. Y a través de sueños pesados, las fuerzas del cuerpo y del alma se debilitan de tal manera que no solo acaban por provocar la enfermedad, sino también la muerte misma».

Como ejemplo pone una anécdota contada por Hercules Saxonicus (por este y otros nombres similares se conocía a Augusto II de Polonia. En 1572 una plaga arrasó la ciudad de Pohlen (supongo que se trata de la actual Pohle, actualmente en Alemania). En el pueblo de Rhezur una mujer fue enterrada en la Iglesia de la Exaltación de la Cruz, en Lemberg. Poco tiempo después, la plaga se cebó en las casas próximas, de modo que los vecinos sospecharon que se trataba de una bruja. La desenterraron y la encontraron desnuda. Los presentes concluyeron que se había comido la ropa. Le cortaron la cabeza con una pala, la enterraron de nuevo y a partir de entonces la plaba se detuvo. El propio Ranft afirma que algo similar ocurrió en Hungarn, donde la gente, al encontrar el cuerpo que según creían estaba provocando muertes en el vecindario, le clavaron una estaca afilada. y no contenso con eso lo pusieron en una pira y lo redujeron a cenizas.

Ranft está de acuerdo en que en estos casos el cuerpo sea destruido de inmediato, para que las fuerzas que provocan su asfixia desaparezcan. Nos dice además que para evitar la masticación de los cadáveres suelen ponerle tierra fresca en la boca, aprietan bien el pañuelo que sujeta la mandíbula, o bien colocan una piedra y un centavo, para que si mordiera se rompa los dientes. Dice que a veces lo que se hace es depositar una hostia consagrada en la boca del difunto, o sobre su pecho.

Todos estos métodos huelen a superstición, según Ranft. Lo mejore es tratar de reconciliarse con el muerto, y si aún así se le escuchara masticar en su tumba, no hacer caso, para que la imaginación no se excite. Y si nada de esto sirve, entonces desenterrar el cadáver y destruirlo.

Finaliza el libro con una tercera parte, cuyo texto en alemán, puede consultarse aquí. En esta última sección incluye el famoso informe Visum et Repertum, sobre asociado al caso de Arnold Paole, el vampiro de Medwedia, uno de los casos más famosos de la upirología. Cita también una carta enviada por un oficial del ejército a un prestigioso doctor de Leipzig, narrando otros hechos acaecidos en la localidad de Kucklina, donde un vampiro chupó la sangre de un hombre que murió a los tres días. Le había dejado una marca roja debajo de la oreja derecha. Por otra parte una mujer, al día siguiente, recibió la visita de su marido, muerto el día anterior. Yació con ella, y según esta le dijo al jefe haiduk, su semen era frío. Acabó dando a luz un niño, con proporciones normales pero que no tenía extremidades y parecía un trozo de carne que se arrugó a los tres días como una salchicha. Puede leerse la carta aquí.

Según Ranft, el hecho de que Paole hubiera sido atacado por un vampiro produjo tal miedo de que el mismo se convirtiera en vampiro al morir y les atacara que su imaginación se desorbitó de modo enfermizo. El propio Paole, convencido de que se convertiría en vampiro en morir y sofocaría a sus vecinos habría impreso, por simpatía, ese miedo en los vecinos. El que al desenterrarlo lo encontraran con sangre ya lo explicó más arriba, pero la enorme cantidad de sangre que dicen los vecinos que vieron en él saliendo por todos sus poros y al ser arravesado por una estaca es inusual, de modo que tiene que ser una exageración de la gente, que se dejó llevar por su imaginación, o agua mezclada con sangre, ya que los cadáveres también desprenden agua y humores.

De manera muy acertada el ruido que el cuerpo de Paole hizo cuando fue atravesado con la estaca lo interpreta como algo natural provocado por los gases almacenados en el cadáver. Sugiere también que Stanicka, la mujer que decía haber visto en sueños al joven Millove tras la muerte de éste es otro ejemplo de esa imaginación desbordada que posiblemente se agravó porque quizá mantuviera relaciones con el joven. El miedo y la culpa habrían acabado con su vida. Explica también la gordura del cadáver de una anciana, que era muy delgada en vida, como resultado de que el cadáver absorbió la humedad circundante en la tumba. Explica así mismo cierta mancha rojiza que se encontró en el cuerpo de una mujer como una lesión que podría haber tenido en vida. La imaginación de los campesinos habría hecho el resto interpretándolo como una mordedura de algún vampiro.

Luego examina los casos expuestos en la carta que el oficial envió al doctor de Leipzig, y que mencionó después del informe de Flückinger. En uno de los casos el oficial decía que dos hermanos se alternaban para vigilar porque les perseguía un vampiro que en una ocasión abrió la puerta en forma de perro. Esto lo encuentra inverosímil porque ¿qué perro puede abrir una puerta? La imaginación febril y desorbitada de los hermanos llegó a matar a uno de ellos. Luego examina el otro caso según el cual un campesino muerto regresa a casa y yace con su esposa, la cual dice que su semen era frío. Tras quedar embarazada da a luz una especie de montón de carne sin extremidades. El hecho de que un difunto se levante y yazca con su esposa le parece inverosímil. También le parece imposible que un semen frío pueda producir nada, ya que es estéril. Y en cuanto al trozo de carne dado a luz por la mujer, razona que a eso no se le puede llamar niño. El hecho de que el vampiro yaciera con su mujer, al igual que las historias sobre íncubos y súcubos, cree que es sólo el producto de una imaginación excitada. Eso si no fue algo ideado maliciosamente por ella para ocultar un embarazo no deseado con un campesino vivo.

Menciona después la obra de Putoneo (pseudónimo de Johann Christoph Meinig), Besondere Nachricht von denen Vampyren oder so genannten Blut-Saugern (Noticias especiales de los vampiros o los llamados chupadores de sangre), editado en Leipzig por J. C. Martini. Rabinbach, A. y Gilman en 1732. Comenta que el autor pide precaución a la hora de juzgar las cosas maravillosas, que a menudo son en realidad engaños de hombres. La historia de Arnol Paole le parece a Putoneo sospechosa y poco fiable. que además procede de gente muy supersticiosa e ignorante. Hace notar que la mayoría de los afectados eran mujeres moribundas, lo cual seguramente lo dice, anotamos nosotros, porque piensa, como muchos otros en su época, que las mujeres son más dadas a ese tipo de fantasías. Además nadie, dice, ha visto nunca a un vampiro alimentándose de sus víctimas. Dice además que no había un médico competente y que por tanto el informe no es creíble. Y afirma incluso que los sacerdotes católicos y el clero papal impiden que se hagan investigaciones concienzudas porque eso les viene bien para tratar de probar su fe y su creencia en el purgatorio. Insiste en que nadie ha visto a uno de estos muertos salir de la tumba, vagar por ahí y meterse de nuevo en su tumba. Continúa Putoneo aduciendo que de la anciana que comió carne de oveja mordida por los vampiros y que habría comenzado la epidemia seguramente habría consumido carne de oveja enferma de forma natural.

Menciona después un texto anónimo que lleva por título Visum & Repertum über die so genannten Vampyrs oder Blut-Aussauger, so zu Medvegia in Servien an der Türckischen Granitz den 7. Jan. 1732. geschehen. Nebst einem Anhange von dem Kauen und Schmatzen der Todten in Gräbern., publicado en Nuremberg en 1732. Examina el anexo, en el que el autor anónimo se refiere a los casos de cadáveres que mastican en sus tumbas y que hacen ruidos audibles en los alrededores, que presenta Garmanni (escrito como en el original), en su De miraculis Mortuorum. Garmani les atribuye causas naturales, pero el autor anónimo refuta cada uno de los casos expuestos por Garmani explicando que este fenómeno sólo puede tener como causa al diablo.

Su obra es mencionada en dos scritos de 1732 firmados por un tal E. W. S. G.:

LA OBRA DE RANFT EN EL TRATADO DE DOM CALMET

Dom Calmet dedicó el capítulo 44 de su Dissertation sur les revenants en corps, les excommunies, les oupirs ou vampires, brucolaques, que lleva por título Muertos que mascan como puercos en sus tumbas, y que devoran su propia carne, a los casos de "cadáveres masticadores", y por supuesto se refirió a la obra de Ranft. Traducimos del original francés de la edición de 1751:

"Es una creencia muy extendida en Alemania, que ciertos muertos mascan en sus tumbas, y devoran lo que se encuentre alrededor de ellos; que se les oye comer como cerdos, con cierto ruido sordo y como rugiendo y gruñendo.

Un autor alemán llamado Michel Rauff ha compuesto una obra titulada de masticatione mortuorum in tumulis, de los muertos que mascan en sus tumbas. Supone él como cosa probada y cierta, que algunos muertos devoran los lienzos, y todo aquello que esté cerca de su boca, e incluso que han devorado su propia carne dentro de sus tumbas. Añade que en algunos lugares de Alemania, para impedir a los muertos que mastiquen, se les pone un montón de tierra bajo la boca en el ataúd, que en otros lugares se les pone dentro de la boca una pequeña pieza de plata y un piedra; en otros sitios se les ata fuerte la garganta con un pañuelo. El autor cita a algunos escribanos alemanes que hace mención de esta ridícula costumbre; e informa de otros muchos, que hablan de muertos que han devorado su carne en su sepulcro. Esta obra se imprimió en Leipzig [Leipsic en el original] en 1728. Menciona a un autor llamado Philippe Rehrius, que imprimió en 1679 un tratado con el mismo título: de masticatione mortuorum.

Podría añadirse aquí lo sucedido al Conde de Salm, al que creyéndosele muerto, se le enterró vivo: se le oía dar grandes gritos y alaridos durante la noche en la iglesia de la Abadía de Haute-Seille, donde había sido enterrado, y al día siguiente al abrirse su tumba, se le encontró dado la vuelta, con la cara hacia abajo, en lugar de con la cara mirando hacia arriba y sobre su espalda, que era como había sido enterrado.

Hace algunos años, en Bar-le-Duc fue enterrado un hombre en el cementerio. Al oírse ruidos saliendo de la fosa se le desenterró al día siguiente, y encontraron que se había comido la carne de los brazos; esto es lo que nos comentaron testigos oculares. Este hombre había bebido aguardiente, y había sido enterrado suponiéndole muerto. Ruff habla de una mujer de Bohemia que en 1355 se había comido la mitad de su lienzo sepulcral dentro de su fosa. En tiempos de Lutero un hombre y una mujer muertos y enterrados, se comieron las entrañas. Otro muerto en Moravia devoró los lienzos de una mujer enterrada a su lado.

Todo esto es muy posible; pero que los muertos de verdad muevan las mandíbulas en sus tumbas, y se entretengan en mascar todo lo que haya a su alrededor, es una imaginación pueril, parecida a la de los antiguos romanos cuando hablaban de su Manducus, que era una figura grotesca de hombre con una boca enorme, de dientes desproporcionados, a los que se hacía entrechocar los dientes como movidos por un resorte, como si esta figura fantástica les pidiera de comer. Así amenazaban a los niños con el Manducus, y se les atemorizaba:

Tandemque venit ad pulpita nostrum

Exordium, cùm persona pallentis hiatum

In gremio matris fastidit rusticus infans.

Aún pueden verse los restos de esta costumbre antigua en algunas procesiones, donde se porta una especie de serpiente, que abre y cierra a intervalos una fauces enormes armadas de dientes, a las que se arrojan algunos pasteles, como para satisfacerla."

Obsérvese que Calmet dice erróneamente que el caso de la mujer de Bohemia ocurrió en 1355; mientras que el original de Ranft da la fecha de 1345. En fin, Calmet pensaba por tanto que la masticación de los muertos era un hecho imposible que se explicaba por el entierro de personas aparentemente muertas, pero que en realidad estaban vivas.

© 2008. Del texto y traducciones, Javier Arries

© 2016. Diseño y contenido por Javier Arries

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